20 de noviembre de 2007

Pedacitos de confianza

¿Para que esforzarnos? ¿Qué es el perdón? ¿Hasta dónde puedes llegar por alguien?

Pedimos perdón miles de veces al día, tal vez por eso lo menospreciemos tanto y, cuando porfin el perdón, el sentirlo de verdad, se escucha no nos lo creamos del todo. Sí, perdonamos pero no olvidamos, recordamos con el mismo rencor del momento la ofensa y la sacamos a relucir siempre que nos conviene a nosotros.

Y yo soy la primera, lo admito. Pero no es lo mismo hacerlo que sentirlo, ni que te lo recurden a que te lo echen en cara o lo usen para manipularte. No es lo mismo.

Perdonar es vover a confiar, es saber que ha hecho algo mal pero que lo admite y que tu lo olvidas. Peri sobre todo es eso, confianza.

En eso se basan las relacines humanas, todas y cada una de ellas tienen su pequeña dosis de confianza. ¿Pero qué pasa si cuando tú das pero no recibes nada a cambio? Pierdes, porque tu te abres, y abrirte muchas veces significa recordar cosas que prefieres olvidar, significa no esconderte. Es desnudarte, algo íntimo si lo das todo.

Y duele, duele que no confíen en ti, que te perdonen pero no olviden. Pero lo que más duele es no poder dejar de perdonar tú.

15 de noviembre de 2007

¿Por qué vivir sin ti si puedo tenerte?


Mi droga favorita eres tú. Aunque estes lejos, aunque no pueda tocarte. Porque no huyes, porque te enfrentas.

Me di de frente contra ti, cuando ya te había saltado antes por encima. Extrañada intenté continuar pasando a tu lado, pero no podía dejar de mirar hacia atrás. Ahí estabas, de pie, sin moverte, sin mirarme.

Te insulté, me burlé de ti, te alagué, coqueteé y me ignoraste. Dolida me di la vuelta, esta vez dispuesta a no volver a verte. Pero aparecías en todos y cada uno de mis sueños, todas las noches eras mi compañero de alcoba.

Y volví al mismo lugar dispuesta a aceptar tu silencio, pero no antes de adivinar el porqué. Así que directa como soy te lo pregunté sin más, y la respuesta fue sincera. "Jugaste conmigo y lo sé". Me mareé, no porque lo supieras, sino al descubrir lo que había querido esconderme a mi misma. Me asustabas. Con tu sonrisa de pícaro y tus rizos de ángel. Y tu mirada, directa, sincera, divertida, amplia. Me eché atrás, huí. Porque te ibas, porque no ibas a estar ahí y yo...yo lo pasaría mal. Y no estaba dispuesta. Así que olvidé. A ti, el tiempo que pasamos, los que nos rodeaban. Incluso a mi, y me escondí.

Lo siento. Siento ser como soy y que tú lo pasases mal. No era mi intención, ni mucho menos. Ni siqueira sabía que significaba tanto para ti.

Gracias por estar ahí, por ayudarme, por hacerme reír, por hacerme pensar, por sincerarte, por ser el único al que le cuento todo., por escucharme, por dejarme formar parte de tu vida, y sobre todo por seguir siendo tú mismo.

Por ti,para ti, contigo...siempre.

Quérote Nano!!