
Poco tiempo y mucho ruido. Demasiadas cosas que procesar, todo va muy rápido y golpea fuerte. Momentos en los que solo te apetece gritar "basta" y parar. Que todo deje de girar, de agobiarte, de suceder.
Son palabras que se dicen al aire y quedan. Duelen, molestan; te dan la felicidad y te la arrebatan. Es el tiempo que tardas en no callarte, el tiempo que no piensas, el que actúas.
No retrocedes, no puedes aunque quieras. El tiempo sigue, inexorable, pesado, rápido y mortal. Porque te mata, poco a poco; porque mueres. No una, sino muchas veces. Cada vez que crees que no te levantarás, que no merece la pena. Cada vez que te rompes el corazón, o el alma, o entero.
Promesas que no cumplen o que no dices, por covardía, por miedo. Molesta, la covardía, te duele. Te duele ofrecerte, abrirte y ver sólo vacío. Palabras que no dicen nada y que lo dicen todo. Porque no dan la cara, porque van por la espalda.
Preguntas sin respuesta. Quedas solo, sin él, sin ella. No está, por covardía. Soledad, frío y miedo. ¿Por qué? No lo sabes, no contesta. No está.
Llego, dolor, a donde tú no alcanzas.
Yo decido mi sangre y su espesura.
Yo soy el dueño de mis esperanzas.

